Le duele el corazón de morderse la lenguna
le duelen los piés de caminar siempre hacia adelante
le duelen las manos de tenerlas abiertas
siempre dando siempre recibiendo
le duelen los sueños en los que revolotean los mismos buitres
le duelen los ojos de ver miseria y diamantes
tan cerca los unos de los otros
le duelen los silencios de los pueblos
le duelen que cuando gritan, aveces, salpica la sangre.
Le duele este tiempo maldito tanto y tanto.
Y sin embargo su risa huele a mañana con niebla
de sabor a menta
sus poemas se mezclan con las sábanas y los deseos.
Su musa le araña para que no se duerma nunca.
Y él sabe, no me preguntes cómo,
que el futuro sólo puede ser nuestro.
Vecino del 4º
posdata: en una urna un poema que comience diciendo: todos libres...sin más leyes...sin más dobleces...
miércoles, 16 de noviembre de 2011
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